
DISCURSOS DE LOS PRESIDENTES
HUGO CHÁVEZ Y NÉSTOR KIRCHNER ANTE LA SEXAGÉSIMA
ASAMBLEA GENERAL DE LA ONU
Hugo Chávez
Néstor Kirchner |
DISCURSO DEL PRESIDENTE CHÁVEZ
ANTE LA SEXAGÉSIMA ASAMBLEA GENERAL DE LA ONU
Presidente Hugo Chávez
Excelencias, amigas y amigos, muy buenas tardes:
El propósito original de esta reunión ha sido desvirtuado
totalmente. Se nos ha impuesto como centro del debate un mal llamado
proceso de reformas, que relega a un segundo plano lo más
urgente, lo que los pueblos del mundo reclaman con urgencia, como
lo es la adopción de medidas para enfrentar los verdaderos
problemas que obstaculizan e impiden los esfuerzos de nuestros países
por el desarrollo y por la vida.
Cinco años después de la Cumbre del Milenio, la cruda
realidad es que la gran mayoría de las metas diseñadas,
pese a que eran ya de por sí modestísimas, no serán
alcanzadas.
Pretendimos reducir a la mitad los 842 millones de hambrientos
para el año 2015. Al ritmo actual la meta se lograría
en el año 2215, ve a ver quién de nosotros estaríamos
allí para celebrarlo, si es que la especie humana logra sobrevivir
a la destrucción que amenaza nuestro medio ambiente.
Habíamos proclamado la aspiración de lograr en el
2015 la enseñanza primaria universal. Al ritmo actual la
meta se alcanzará después del año 2100, preparémonos
pues para celebrarlo.
Esto, amigas y amigos del mundo, nos lleva de manera irreversible
a una amarga conclusión: las Naciones Unidas han agotado
su modelo, y no se trata simplemente de proceder a una reforma,
el siglo XXI reclama cambios profundos que sólo son posibles
con una refundación de esta organización. Esto no
sirve, hay que decirlo, es la pura verdad.
Esas transformaciones, a las que desde Venezuela nos referimos,
al mundo, tienen para nosotros, desde nuestro punto de vista dos
tiempos: el inmediato, el de ahora mismo, y el de los sueños,
el de la utopía; el primero está marcado por los acuerdos
lastrados por el viejo esquema, no le rehuimos, y traemos, incluso,
propuestas concretas dentro de ese modelo en el corto plazo. Pero
el sueño de esa paz mundial, el sueño de un nosotros
que no avergüence por el hambre, la enfermedad, el analfabetismo,
la necesidad extrema, necesita –además de raíces–
alas para volar. Necesitamos alas para volar, sabemos que hay una
globalización neoliberal aterradora, pero también
existe la realidad de un mundo interconectado que tenemos que enfrentar
no como un problema sino como un reto, podemos, sobre la base de
las realidades nacional es, intercambiar conocimientos, complementarnos,
integrar mercados, pero al tiempo debemos entender que hay problemas
que ya no tienen solución nacional, ni una nube radioactiva,
ni los precios mundiales, ni una pandemia, ni el calentamiento del
planeta o el agujero de la capa de ozono son problemas nacionales.
Mientras avanzamos hacia un nuevo modelo de Naciones Unidas que
haga cierto y suyo ese nosotros de los pueblos, hay cuatro reformas
urgentes e irrenunciables que traemos a esta Asamblea. La primera,
la expansión del Consejo de Seguridad tanto en sus categorías
permanentes como en las no permanentes, dando entrada a nuevos países
desarrollados y a países en desarrollo como nuevos miembros
permanentes. La segunda, la necesaria mejora de los métodos
de trabajo para aumentar la transparencia y no para disminuirla,
para aumentar el respeto y no para disminuirlo, para aumentar la
inclusión. La tercera, la supresión inmediata, seguimos
diciéndolo desde hace seis años desde Venezuela, la
supresión inmediata del veto en las decisiones del Consejo
de Seguridad, ese vestigio elitesco es incompatible con la democracia,
incompatible con la sola idea de igualdad y de democracia.Y en cuarto
lugar el fortalecimiento del papel del Secretario General, sus funciones
políticas en el marco de la diplomacia preventiva, debe ser
consolidado. La gravedad de los problemas convoca a transformaciones
profundas, las meras reformas no bastan para recuperar el nosotros
que esperan los pueblos del mundo, más allá de las
reformas reclamamos desde Venezuela la refundación de Naciones
Unidas, y como bien sabemos en Venezuela, por las palabras de Simón
Rodríguez, el Robinson de Caracas: “O inventamos o
erramos”.
En la reunión de enero pasado de este año 2005 estuvimos
en el Foro Social Mundial en Porto Alegre, diferentes personalidades
allí pidieron que la sede de Naciones Unidas saliera de Estados
Unidos si es que continúan las violaciones a la legalidad
internacional por parte de ese país. Hoy sabemos que nunca
existieron armas de destrucción masiva en Iraq, el pueblo
estadounidense siempre ha sido muy riguroso con la exigencia de
la verdad a sus gobernantes, los pueblos del mundo también:
nunca hubo armas de destrucción masiva y sin embargo, y por
encima de Naciones Unidas, Iraq fue bombardeado, ocupado y continúa
ocupado. Por eso proponemos a esta Asamblea que Naciones Unidas
salga de un país que no es respetuoso con las propias resoluciones
de esta Asamblea. Algunas propuestas han señalado a una Jerusalén
convertida en ciudad internacional como una alternativa. La propuesta
tiene la generosidad de proponer una respuesta al conflicto que
vive Palestina, pero quizás tenga aristas que hagan difícil
llevarlo a cabo. Por eso traemos aquí otra propuesta, anclada
en la Carta de Jamaica, que escribió Simón Bolívar,
el gran Libertador del Sur, en Jamaica, en 1815, hace 190 años.
Ahí propuso Bolívar la creación de una ciudad
internacional que sirviera de sede a la idea de unidad que planteaba.
Bolívar era un soñador que soñó lo que
son hoy nuestras realidades.
Creemos que ya es hora de pensar en la creación de una ciudad
internacional ajena a la soberanía de ningún Estado,
con la fuerza propia de la moralidad de representar a las Naciones
del mundo, pero esa ciudad internacional tiene que reequilibrar
cinco siglos de desequilibrio. La nueva sede de Naciones Unidas
tiene que estar en el Sur, “¡El Sur también existe!”,
dijo Mario Benedetti. Esa ciudad que puede existir ya, o podemos
inventarla, puede estar donde se crucen varias fronteras o en un
territorio que simbolice al mundo, nuestro Continente está
en disposición de ofrecer ese suelo sobre el que edificar
el equilibrio del universo del que habló Bolívar en
1825.
Señoras, señores, enfrentamos hoy una crisis energética
sin precedentes, en el mundo, en la que se combinan peligrosamente
un imparable incremento del consumo energético, la incapacidad
de aumentar la oferta de hidrocarburos y la perspectiva de una declinación
en las reservas probadas de combustibles fósiles. Comienza
a agotarse el petróleo.
Para el 2020 la demanda diaria de petróleo será de
120 millones de barriles, con lo cual, incluso sin tener en cuenta
futuros crecimientos, se consumiría en 20 años una
cifra similar a todo el petróleo que ha gastado la humanidad
hasta el momento, lo cual significará, inevitablemente, un
aumento en las emisiones de dióxido de carbono que, como
se sabe incrementa cada día la temperatura de nuestro planeta.
Katrina ha sido un doloroso ejemplo de las consecuencias que puede
traer al hombre ignorar estas realidades. El calentamiento de los
océanos es, a su vez, el factor fundamental detrás
del demoledor incremento en la fuerza de los huracanes que hemos
visto en los últimos años. Valga la ocasión
para transmitir una vez más nuestro dolor y nuestro pesar
al pueblo de Estados Unidos, que es un pueblo hermano de los pueblos
de América también, y de los pueblos del mundo.
Es práctica y éticamente inadmisible sacrificar a
la especie humana invocando de manera demencial la vigencia de un
modelo socioeconómico con una galopante capacidad destructiva.
Es suicida insistir en diseminarlo e imponerlo como remedio infalible
para los males de los cuales es, precisamente, el principal causante.
Hace poco el señor Presidente de Estados Unidos asistió
a una reunión de la Organización de Estados Americanos,
a proponerle a la América Latina y al Caribe incrementar
las políticas de mercado, la apertura de mercado, es decir,
el neoliberalismo, cuando esa es precisamente la causa fundamental
de los grandes males y las grandes tragedias que viven nuestros
pueblos: el capitalismo neoliberal, el Consenso de Washington lo
que ha generado es mayor grado de miseria, de desigualdad y una
tragedia infinita a los pueblos de este continente.
Ahora más que nunca necesitamos, señor Presidente,
un nuevo orden internacional, recordemos que la Asamblea General
de las Naciones Unidas en su sexto período extraordinario
de sesiones, celebrado en 1974, algunos de quienes están
aquí no habían nacido, seguramente, o estaban muy
pequeños.
En 1974, hace 31 años adoptó la declaración
y el programa de acción sobre un nuevo Orden Económico
Internacional, junto con el plan de acción la Asamblea General
adoptó el 14 de diciembre de aquel año 1974 la Carta
de Derechos y Deberes Económicos de los Estados que concretó
el Nuevo Orden Económico Internacional, siendo aprobada por
mayoría aplastante de 120 votos a favor, 6 en contra y 10
abstenciones –esto era cuando se votaba en Naciones Unidas–,
porque ahora aquí no se vota, ahora aquí se aprueban
documentos como este documento que yo denuncio a nombre de Venezuela,
como irrito, nulo e ilegal, se aprobó violando la normativa
de las Naciones Unidas, ¡no es válido este documento!,
habrá que discutir este documento, el Gobierno de Venezuela
lo va a hacer cono cer al mundo, pero nosotros no podemos aceptar
la dictadura abierta y descarada en Naciones Unidas, estas cosas
son para discutirlas y para eso hago un llamado muy respetuoso,
a mis colegas los Jefes de Estado y los Jefes de Gobierno.
Ahora me reunía con el presidente Néstor Kirchner
y bueno, yo sacaba el documento, este documento fue entregado cinco
minutos antes, ¡sólo en inglés!, a nuestros
delegados y se aprobó con un martillazo dictatorial, que
denuncio ante el mundo como ilegal, irrito, nulo e ilegítimo.
Oíganme una cosa, señor Presidente, si nosotros vamos
a aceptar esto, es que estamos perdidos, ¡apaguemos la luz
y cerremos las puertas y cerremos las ventanas! Sería lo
último: que aceptemos la dictadura aquí en este salón.
Ahora más que nunca –decíamos– requerimos
retomar, retomar cosas que se quedaron en el camino, como la propuesta
aprobada en esta Asamblea en 1974 de un Nuevo Orden Económico
Internacional, para recordar algo, digamos lo siguiente, el Artículo
2 del texto de aquella carta, confirma el derecho de los estados
de nacionalizar las propiedades y los recursos naturales que se
encontraban en manos de inversores extranjeros, proponiendo igualmente
la creación de carteles de productores de materias primas.
En su Resolución 3.201 de mayo de 1974, expresó la
determinación de trabajar con urgencia para establecer un
Nuevo Orden Económico Internacional basado –oiganme
bien, os ruego– “en la equidad, la igualdad soberana,
la interdependencia, el interés común y la cooperación
entre todos los estad os cualesquiera que sean sus sistemas económicos
y sociales, que corrija las desigualdades y repare las injusticias
entre los países desarrollados y los países en desarrollo,
y asegure a las generaciones presentes y futuras, la paz, la justicia
y un desarrollo económico y social que se acelere a ritmo
sostenido”, cierro comillas, estaba leyendo parte de aquella
Resolución histórica de 1974.
El objetivo del Nuevo Orden Económico Internacional era modificar
el viejo orden económico concebido en Breton Woods.
Creo que el Presidente de Estados Unidos habló aquí
durante unos 20 minutos el día de ayer, según me han
informado, yo pido permiso, Excelencia, para terminar mi alocución.
El objetivo del Nuevo Orden Económico Internacional era
modificar el viejo orden económico concebido en Breton Woods
en 1944, y que tendría una vigencia hasta 1971, con el derrumbamiento
del sistema monetario internacional: sólo buenas intenciones,
ninguna voluntad para avanzar por ese camino, y nosotros creemos
que ese era, y ese sigue siendo el camino.
Hoy reclamamos desde los pueblos, en este caso el pueblo de Venezuela,
un nuevo orden económico internacional, pero también
resulta imprescindible un nuevo orden político internacional,
no permitamos que un puñado de países intente reinterpretar
impunemente los principios del Derecho Internacional para dar cabida
a doctrinas como la “Guerra Preventiva”, ¡vaya
que nos amenazan con la guerra preventiva!, y la llamada ahora “Responsabilidad
de Proteger”, pero hay que preguntarse quién nos va
a proteger, cómo nos van a proteger.
Yo creo que uno de los pueblos que requiere protección es
el pueblo de Estados Unidos, demostrado ahora dolorosamente con
la tragedia de Katrina: no tiene gobierno que lo proteja de los
desastres anunciados de la naturaleza, si es que vamos a hablar
de protegernos los unos a los otros; estos son conceptos muy peligrosos
que van delineando el imperialismo, van delineando el intervencionismo
y tratan de legalizar el irrespeto a la soberanía de los
pueblos, el respeto pleno a los principios del Derecho Internacional
y a la Carta de las Naciones Unidas deben constituir, señor
Presidente, la piedra angular de las relaciones internacionales
en el mundo de hoy, y la base del nuevo orden que propugnamos.
Permítanme una vez más, para ir concluyendo, citar
a Simón Bolívar, nuestro Libertador, cuando habla
de la integración del mundo, del Parlamento Mundial, de un
Congreso de parlamentarios, hace falta retomar muchas propuestas
como la bolivariana. Decía Bolívar en Jamaica, en
1815, ya lo citaba, leo una frase de su Carta de Jamaica: “Qué
bello sería que el istmo de Panamá fuese para nosotros
lo que el de Corinto para los griegos, ojalá que algún
día tengamos la fortuna de instalar allí un augusto
congreso de los representantes de las repúblicas, de los
reinos, a tratar y discutir sobre los altos intereses de la paz
y de la guerra, con las naciones de las otras tres partes del mundo.
Esta especie de corporación podrá tener lugar en alguna
época dichosa de nuestra regen eración.” Urge
enfrentar de manera eficaz, ciertamente, al terrorismo internacional,
pero no usándolo como pretexto para desatar agresiones militares
injustificadas y violatorias del Derecho Internacional, que se han
entronizado como doctrina después del 11 de septiembre. Sólo
una estrecha y verdadera cooperación, y el fin de los dobles
raseros que algunos países del Norte aplican al tema del
terrorismo, podrán acabar con este horrible flagelo.
Señor Presidente:
En apenas 7 años de Revolución Bolivariana, el pueblo
venezolano puede exhibir importantes conquistas sociales y económicas.
Un millón 406 mil venezolanos aprendieron a leer y a escribir
en año y medio, nosotros somos 25 millones aproximadamente
y, en escasas semanas el país, dentro de pocos días,
podrá declararse libre de analfabetismo, y tres millones
de venezolanos antes excluidos por causa de la pobreza, fueron incorporados
a la educación primaria, secundaria y universitaria.
Diecisiete millones de venezolanos y venezolanas –casi el
70% de la población- reciben, por primera vez en la historia,
asistencia médica gratuita, incluidos los medicamentos y,
en unos pocos años, todos los venezolanos tendrán
acceso gratuito a una atención médica por excelencia.
Se suministran hoy más de 1 millón 700 mil toneladas
de alimentos a precios módicos a 12 millones de personas,
casi la mitad de los venezolanos, un millón de ellos lo reciben
gratuitamente, de manera transitoria. Estas medidas han generado
un alto nivel de seguridad alimentaria a los más necesitados.
Señor Presidente, se han creado más de 700 mil puestos
de trabajo, reduciéndose el desempleo en 9 puntos porcentuales,
todo esto en medio de agresiones internas y externas, que incluyeron
un golpe militar facturado en Washington, y un golpe petrolero facturado
también en Washington, pese a las conspiraciones, a las calumnias
del poder mediático, y la permanente amenaza del imperio
y sus aliados, que hasta estimula el magnicidio. El único
país donde una persona se puede dar el lujo de pedir el magnicidio
de un Jefe de Estado, es Estados Unidos, como ocurrió hace
poco con un reverendo llamado, Pat Robertson muy amigo de la Casa
Blanca: pidió públicamente ante el mundo mi asesinato
y anda libre, ¡ese es un delito internacional!, ¡terrorismo
internacional!
Pues bien, nosotros lucharemos por Venezuela, por la integración
latinoamericana y por el mundo. Reafirmamos aquí en este
salón nuestra infinita fe en el hombre, hoy sediento de paz
y de justicia para sobrevivir como especie. Simón Bolívar,
padre de nuestra Patria y guía de nuestra Revolución,
juró no dar descanso a su brazo, ni reposo a su alma, hasta
ver a la América libre. No demos nosotros descanso a nuestros
brazos, ni reposo a nuestras almas hasta salvar la humanidad.
Señores, muchísimas gracias.
arriba
DISCURSO DEL PRESIDENTE NESTOR KIRCHNER
ANTE LA ASAMBLEA PLENARIA DE LA ORGANIZACIÓN DE LAS NACIONES
UNIDAS
Presidente Néstor Kirchner
14/09/2005 - Estados Unidos, Nueva York
Señor Presidente: hace cinco años los gobiernos de
nuestros países se reunieron en este mismo recinto con la
misma esperanza de trabajar juntos en la solución de algunos
de los problemas más urgentes y graves que enfrentaban y
enfrentan nuestros pueblos. Así surgió la Declaración
del Milenio y el compromiso renovado de la comunidad internacional,
a favor del multilateralismo y el respeto a la dignidad humana.
Se propiciaron metas concretas de desarrollo encaminadas a resolver
la cuestión dramática del hambre, la pobreza, la mortalidad
infantil, las enfermedades, como el HIV sida, la malaria y otras
pandemias y la desigualdad jurídica y social de la mujer.
El balance de lo realizado en estos años dista de ser satisfactorio,
la gravedad de la situación es básicamente la misma.
Los modestos avances en algunos temas no pueden, sin embargo, debilitar
nuestra voluntad ni adormecer nuestras conciencias. La pobreza,
el hambre y la enfermedad siguen castigando hasta la obscenidad
a una gran proporción de las mujeres y los hombres del planeta.
La ausencia del Estado de derecho y las violaciones masivas a los
derechos humanos en distintos lugares, provocan grandes sufrimientos
y profundizan la inestabilidad política y los conflictos
civiles. Las nuevas y graves amenazas a la seguridad internacional,
han tenido todo el efecto del debate internacional. La pobreza,
las desigualdades sociales, la injusticia, la exclusión social
y el divorcio entre las expectativas y las realidades, introducen
notas de inestabilidad, conspirando contra el fortalecimiento de
la democracia y el desarrollo.
Gran parte del problema reside quizás en la falta de correspondencia
entre las declaraciones, verdaderas expresiones de deseo, y los
actos. Esto es evidente en dos materias clave: la deuda y el comercio
internacional. La persistencia de políticas discriminatorias
e inequitativas en el comercio internacional se inscriben en esta
lista de obstáculos al desarrollo, tanto de las naciones
más pobres como de los países más desarrollados,
y en países intermedios, como es el caso de mi país,
la República Argentina.
El predominio del componente ideológico en las políticas
de los organismos internacionales de crédito es también
preocupante. El enfoque ortodoxo que se le quiere dar al tema de
la deuda, un enfoque éste que ha mostrado sus falencias e
ineficacia, y que ha agravado las condiciones de pobreza en el mundo
en desarrollo, es quizás el punto donde más se evidencie
el predominio de ese componente.
El desarrollo económico, la seguridad y los derechos humanos,
constituyen los pilares básicos de las Naciones Unidas, de
modo que los progresos simultáneos que alcancemos en esos
tres planos constituyen la mejor garantía para la paz internacional
y el bienestar de la humanidad.
La Argentina está logrando, con grandes esfuerzos, retomar
la senda del desarrollo y ha alcanzado un importante y sostenido
crecimiento en su economía, a la vez que ha logrado reducir
de manera significativa los índices de desocupación,
pobreza e indigencia. Los indicadores muestran, después de
la salida de la crisis, un crecimiento sostenido de la economía
y la situación superavitaria de las cuentas fiscales y externas,
junto con una recomposición de las reservas.
Argentina creció el 8,8 por ciento en 2003, el 9 por ciento
en 2004 y, en el primer semestre de 2005, se superó el 9
por ciento; el superávit primario consolidado se ubica en
el 5 por ciento del PBI, y las reservas crecieron casi 10 mil millones
de dólares, a más de 25 mil millones; las exportaciones
superarán este año los 40 mil millones, estimando
su crecimiento en un 15 por ciento; el desempleo bajó del
24 por ciento en 2003 al 2,1 en el primer semestre de este año;
la pobreza del 57,5 al 40,2; la indigencia del 27,5 en 2003 al 15
en 2004, y continúa descendiendo; la mejora de los salarios
en el índice general real de salarios alcanza el 16 por ciento.
Desde la salida del default Argentina se consolida como una oportunidad
para inversiones productivas. La matrícula de la enseñanza
primaria y el número de alumnos que empiezan el primer grado
se ubican por encima del 91 por ciento y el 86 por ciento de la
población analfabeta no supera el 3 por ciento, llegando
la alfabetización de la mujer al 97,4 por ciento. La participación
de la mujer crece de modo que ocupan más del 33 por ciento
de las bancas de diputados y un 43 por ciento de senadores; la tasa
de mortalidad infantil ha descendido significativamente, bajando
del 18,8 por mil al 14,4 por mil; se ejecutan programas de salud,
extendiendo la prevención de toda la población; se
incrementan las redes de agua potable y cloacas, y en acuerdo con
Brasil se producirán medicamentos para cubrir a la población
afectada de sida, a un costo accesible.
Lamentablemente, en ese proceso de recuperación, expansión
y transformación, no contamos con la ayuda del FMI, que sí
apoyó y financió, hasta semanas antes del colapso,
el régimen de convertibilidad. Durante la crisis, Argentina
realizó pagos netos del orden de los 13.500 millones de dólares.
Como tantos países en desarrollo, continuamos siendo afectados
tanto por esa visión arcaica del tema de la deuda, como por
un sistema de comercio internacional injusto para los productos
agrícolas donde los subsidios y medidas para-arancelarias
de los países desarrollados, continúan impidiendo
que nuestros países puedan crecer plenamente con sus recursos
genuinos.
En este sentido, llamamos a que en la Conferencia Ministerial de
la Organización Mundial de Comercio, a celebrarse a fin de
año en Hong Kong, China, se concrete la incumplida promesa
de poner al desarrollo como objetivo central del comercio internacional.
Seguimos con atención el debate internacional sobre el concepto
de la sustentabilidad de la deuda externa. Pensamos que las finanzas
internacionales son demasiado importantes para quedar en manos de
intereses concentrados que afectan la estabilidad de los mercados,
discriminan contra los inversores más pequeños y generan
políticas pro-cíclicas.
Por ello, hemos propuesto en diversos foros modificaciones que
aumentan la transparencia del sistema financiero internacional que
libera a estos organismos de cierto lobby financiero que den mayor
estabilidad al flujo de capitales y que distinguen a favor de los
inversores minoristas.
No hay en esto ideología ni política. Mostramos hechos
concretos que demuestran que estos organismos financieros no cumplieron
con el papel que deben tener. A futuro nuestro país ha estructurado
una estrategia de reducción de la deuda con la finalidad
de ganar grados de libertad para la aplicación de sus planes
de desarrollo y crecimiento de la economía.
En ese marco, queremos reiterar nuestra decisión de que
el pago de los compromisos financieros externos, no debe hacerse
a expensas de los recursos comprometidos para áreas sociales,
tales como educación, salud, vivienda y promoción
del empleo.
Mantendremos con firmeza y convicción esta postura en nuestra
negociación con los organismos internacionales de crédito
respecto a lo que seguimos reclamando: mayor transparencia, democracia
y profunda reestructuración y revisión de sus políticas
para dotarlas de equidad y eficiencia.
En sintonía con ello, la Argentina copatrocina desde 2004,
en el ámbito de la Comisión de los Derechos Humanos
de las Naciones Unidas, la resolución sobre las consecuencias
de las políticas de ajuste estructural y de la deuda externa
para el pleno ejercicio de los derechos humanos, en especial, los
derechos económicos, sociales y culturales a los cuales se
refiere con claridad la relación existente entre el endeudamiento
externo y la imposibilidad del goce efectivo de los derechos humanos.
Deseo concluir mis palabras señalando que el pueblo argentino
espera fervientemente que las Naciones Unidas contribuyan a conducir
nuestros destinos por la senda de la paz, la justicia y el desarrollo.
Numerosas resoluciones de esta Asamblea General y de su Comité
de Descolonización han establecido que la cuestión
de las Islas Malvinas, Georgia del Sur y Sandwich del Sur, constituye
una situación colonial especial que debe ser resuelta mediante
negociaciones bilaterales entre mi país y el Reino Unido.
El Comité de Descolonización se ha pronunciado reiteradamente
en ese sentido y mucho valoramos su acción a favor de la
búsqueda de una solución de esta cuestión.
Reafirmamos una vez más la permanente disposición
de nuestro país a alcanzar una solución justa, pacífica
y duradera de esta disputa de soberanía que constituye una
cuestión central para el pueblo argentino.
Exhortamos, por lo tanto, al Reino Unido, a dar pronto cumplimiento
al llamado de la comunidad internacional a reanudar esas negociaciones.
Muchas gracias. (Aplausos)
arriba
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