18 de Febrero de 2006
Firmeza nacional, firmeza latinoamericana
Por
Humberto Tumini
Como es sabido, el fortalecimiento y la ampliación del
Mercosur bajo un concepto político y económico de
soberanía regional, es uno de los requisitos necesarios para
que nuestras naciones puedan avanzar en un camino de desarrollo
y modernización, con justicia social y equidad distributiva.
Como así también para poder insertarse con verdaderas
posibilidades en un mundo tan complejo y competitivo como el actual.
Pero, sin dudas, esta estrategia está plagada de dificultades;
tanto por problemas internos objetivos y subjetivos, como por otros
de carácter externos a la región, muchas veces producto
de la acción interesada de quienes históricamente
nos han dominado, en particular de los EEUU.
Ahí tenemos como muestra de lo que decimos el conflicto por
las papeleras. Es indudable que nuestro vecino país tiene
un justificado interés en dichas inversiones extranjeras,
que le van a cambiar en parte su perfil productivo, dependiente
hasta ahora de la ganadería, el turismo y en menor medida
las finanzas. Como innegable es también que los argentinos
-todos, no solo los entrerrianos- tenemos derecho a que no se nos
contamine uno de nuestros principales ríos; y a exigir que
se cumplan los acuerdos firmados hace ya treinta años entre
ambos países para el manejo del mismo. El problema, justo
es decirlo, abarca ya no solo a nuestros gobiernos, sino también
y por sobre todo a nuestros pueblos que ven, por distintas razones,
en peligro su calidad de vida futura.
Puestos en estas circunstancias, pueblos y gobiernos, uruguayos
y argentinos, debiéramos tener en cuenta los intereses propios
en la misma medida que los ajenos y los de conjunto, y trabajar
así por encontrar una salida satisfactoria para ambos. Que
las empresas multinacionales que van a instalar las plantas acepten
incrementar sus inversiones todo lo necesario para garantizar tecnologías
no contaminantes; como así también que se constituyan
comisiones bilaterales permanentes de control, con atribuciones
de parar la producción si se producen violaciones respecto
de esto, podría ser, modestamente, parte de una aceptable
salida a la actual situación.
Ahora bien, este, ni de cerca va a ser el único conflicto
que tendremos en el proceso de fortalecer el Mercosur. Algunos otros
ya los tenemos presentes: Brasil y la Argentina tienen una significativa
disputa alrededor de múltiples rubros productivos, saldada
solo transitoriamente con el reciente acuerdo. Uruguay y Paraguay
han amenazado hace muy poco con salirse de los marcos del acuerdo
regional para buscar otros tratados, inclusive con los EEUU con
lo que esto significa; habida cuenta de que esas dos naciones interpretan
(con no poca razón) que han sido secundarizadas en forma
permanente por los gobiernos de Argentina y Brasil del período
neoliberal. Los que siempre priorizaron los intereses de las multinacionales
y sus propios grupos mas concentrados vinculados a ellas, agregamos
nosotros.
No termina allí la cosa. Venezuela acaba de incorporarse
como miembro pleno del Mercosur, y tiene tanto petróleo como
gas, que van a ser indispensables para los otros miembros de este.
Eso es muy bueno. Pero claro, también sucede que el país
de Hugo Chávez tiene una marcada decisión de diversificar
su economía sustituyendo importaciones; en particular de
alimentos, pero también de productos industriales. ¿Qué
va a pasar entonces cuando Argentina, Brasil o Uruguay quieran venderle
a cambio de petróleo y gas, mercancías que Venezuela
está empezando a producir y necesita proteger? La misma situación
se va presentar con Bolivia. Evo Morales ya ha dicho que no solo
aspira a cobrar mejor precio por su gas, sino que tiene la intención
de utilizar esa renta para, esta vez, industrializar en algún
grado su país. No es difícil de ver que ese loable
objetivo va tener sus contradicciones con la búsqueda de
los empresarios brasileños y argentinos de vender sus productos
manufacturados en una Bolivia con mayor capacidad de compra.
He mencionado mas arriba solo alguno de los problemas, mayoritariamente
económicos pero que lejos están de agotarse allí,
que vamos a tener que abordar en los próximos años
en el camino de fortalecer la unidad regional. A eso hay que agregarle
que cabe esperar una activa acción del imperialismo, en especial
norteamericano, orientada a impedir esta integración; o por
lo menos para hacerla mas afín a sus intereses que a los
nuestros. Así ha sido siempre.
Para evitar que las contradicciones predominen sobre nuestra unidad
estratégica, y que los intereses imperiales se impongan sobre
los de nuestros pueblos y naciones, debemos actuar con firmeza.
Pero siempre en dos direcciones: tenemos por un lado que defender
los intereses nacionales; y paralelamente, por el otro, tener en
cuenta los de nuestros países hermanos y los del conjunto,
que son también los nuestros en última instancia.
Para transitar por esa senda no solo son imprescindibles las voluntades
de nuestros pueblos y gobiernos, sino que, además, habría
que acelerar los instrumentos políticos que faciliten la
resolución de las contradicciones y la integración.
Una cierta superestructura política comunitaria, entre otras
instituciones, flexible pero con cierta capacidad de decisión,
como un parlamento regional, contribuiría sin dudas a construir
un Mercosur mas sólido y mas unido.
HUMBERTO TUMINI
Secretario General de Patria Libre
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